jueves, 3 de abril de 2025

El piloto de las estrellas



Manejar la nave espacial era lo que más le gustaba. Cada vez que se aferraba al manubrio y sentía la vibración de los motores en sus manos, se transformaba en el rey del cosmos, un navegante solitario surcando un océano infinito de estrellas titilantes y nebulosas misteriosas. Pero el espacio no era un lugar tranquilo. A cada esquina, en cada pliegue del vacío, acechaban monstruos de formas grotescas y tamaños descomunales, criaturas que emergían de la oscuridad con tentáculos luminosos, fauces afiladas como navajas y ojos que parecían cráteres sin fondo.

Con un rápido movimiento, apretaba el botón en el manubrio y su rayo láser cortaba la negrura como un relámpago carmesí. Cada disparo era una explosión de luz y calor, un destello efímero que dejaba a su paso solo polvo estelar. Él no tenía miedo. Sabía que su misión era más grande que cualquier bestia intergaláctica. Llevaba un cargamento valioso y debía entregarlo a tiempo. Su jefe no era alguien que perdonara retrasos.

Aquel hombre —o lo que fuera— era una sombra implacable en su vida. Una presencia ominosa que lo vigilaba desde un rincón del universo, esperando cualquier fallo para descargar sobre él su furia. Su voz retumbaba en la radio de la nave con un tono metálico y frío: "No te detengas. No te equivoques. No falles." Pero el tiempo pasaba, la nave resistía y la presión aumentaba. La carga se convirtió en un peso insoportable, no tanto por su contenido, sino por el miedo constante al castigo.

Hasta que un día, harto de volar con la amenaza del jefe oprimiéndole el pecho como la gravedad de un agujero negro, decidió cambiar su destino. Se alejó de la ruta establecida, apagó los rastreadores y se deslizó entre los anillos de un planeta desconocido, buscando un nuevo hogar. En aquel mundo de cielos púrpura y lagos de cristal, encontró un refugio.

Por primera vez en mucho tiempo, respiró sin temor. No había gritos, no había amenazas, solo el sonido del viento helado acariciando las montañas de hielo. Sin embargo, aunque el peso de su antiguo jefe había desaparecido, la vida seguía exigiendo esfuerzo. Su pequeño tamaño no le facilitaba las cosas, pero su tenacidad y actitud positiva lo ayudaron a encontrar un nuevo trabajo.

Las noches eran agotadoras, y cuando el cansancio lo vencía, apenas tenía fuerzas para hacer lo que más amaba: deslizarse sobre el lago congelado. La sensación de velocidad, el frío rozándole el rostro y la estela de escarcha que dejaban sus patines le recordaban que aún podía soñar.

No estaba solo. Descubrió que los monstruos a los que había combatido en el espacio no eran realmente enemigos. Al final, ellos fueron sus únicos compañeros de viaje, los que desafiaron su valentía y lo hicieron crecer. Fueron ellos quienes le enseñaron que los sueños pueden hacerse realidad.

Y así, con su nave fiel esperándolo siempre en la orilla del lago, se convirtió en un campeón de patinaje. Pero nunca olvidó los días en que el universo era su único refugio, ni las noches en que su rayo láser era la única luz en la oscuridad infinita.

lunes, 3 de marzo de 2025

Ana va a la escuela






Una vez, en un pequeño pueblo rodeado de colinas verdes y arroyos murmurantes, vivía una niña llamada Ana. Desde muy temprana edad, Ana disfrutaba explorando los senderos del bosque y observando los pájaros posarse en las ramas. Pero cuando llegó la edad de ir a la escuela, algo cambió en ella.


Ana comenzó a sentir una extraña sensación de malestar cada vez que se acercaba la hora de ir a la escuela. La institución que debería haber sido un lugar de aprendizaje y descubrimiento, se convirtió en una fuente de ansiedad y opresión para ella. Sentía como si la asfixiara con sus exigencias y normas rígidas. Las largas horas sentada en un pupitre, las tareas repetitivas y la presión constante por obtener buenas calificaciones la hacían sentir desconectada de su propia curiosidad y amor por el mundo que la rodeaba.


Un día, mientras caminaba por el bosque, Ana se encontró con una amiga de su madre, una mujer que trabajaba como guía en una escuela Waldorf. La mujer le habló de un lugar donde los niños aprendían a través de la creatividad, la imaginación y la conexión con la naturaleza. Le contó sobre las aulas llenas de luz, los materiales naturales, las historias que se contaban en círculo y la importancia de respetar el ritmo único de cada niño. Ana escuchó con atención, y por primera vez en mucho tiempo, sintió una chispa de esperanza.


Esa noche, Ana le habló a sus padres sobre lo que había escuchado. Les contó que quería ir a una escuela donde pudiera aprender de manera más libre, donde no se sintiera presionada por exámenes y notas, sino donde pudiera explorar el mundo a su propio ritmo. Sus padres, preocupados por su bienestar, comenzaron a investigar sobre las pedagogías Waldorf y Montessori. Descubrieron que estas metodologías enfatizaban el desarrollo integral del niño, fomentando no solo el conocimiento académico, sino también la creatividad, la autonomía y la conexión con el entorno.


Pronto, sus padres notaron que Ana se estaba retirando cada vez más de la escuela tradicional. Aunque intentaron hablar con los maestros y directores, la respuesta fue siempre la misma: "Necesitamos informes médicos, psicológicos y pedagógicos para entender el problema". Pero nadie parecía dispuesto a cuestionar si la propia escuela podría estar contribuyendo al malestar de Ana.


Byun Chul Han, un filósofo contemporáneo, habló una vez sobre la sociedad del rendimiento y cómo la presión constante por ser productivo puede alienarnos de nuestra humanidad. Sus palabras resonaban en la experiencia de Ana, quien sentía que sus días estaban llenos de tareas y evaluaciones, pero vacíos de significado humano.


Mark Fisher, por otro lado, planteó la idea del "capitalismo de ansiedad", donde el sistema económico actual no solo produce bienes y servicios, sino también angustia y desesperación en aquellos que no pueden cumplir con sus demandas implacables de rendimiento y eficiencia.


Gilles Lipovetsky, en su obra "La era del vacío", exploró cómo la sociedad contemporánea tiende hacia una cultura de lo superficial y lo efímero, donde la autenticidad y la reflexión profunda se pierden en la búsqueda de la satisfacción inmediata y el éxito superficial.


Para Ana, estos pensamientos resonaban profundamente mientras caminaba por los senderos solitarios del bosque. Se preguntaba si había espacio para la humanidad en un mundo tan obsesionado con los resultados y la productividad. ¿Dónde quedaba el tiempo para la curiosidad, la creatividad y la exploración libre de presiones?


Finalmente, sus padres decidieron inscribirla en una escuela Waldorf. El primer día, Ana sintió una mezcla de nerviosismo y emoción. Al entrar al aula, vio mesas de madera, estantes llenos de materiales naturales y un ambiente cálido y acogedor. La maestra la recibió con una sonrisa y le dijo: "Aquí puedes aprender a tu propio ritmo, y siempre habrá tiempo para explorar lo que te apasiona".


A medida que los días pasaban, Ana comenzó a florecer. Encontró consuelo en las actividades prácticas, como tejer y trabajar con arcilla, y se sintió inspirada por las historias que se contaban en clase. Aprendió matemáticas a través de juegos y exploró la ciencia observando las plantas y los animales del bosque cercano. Ya no sentía la presión de cumplir con estándares rígidos; en cambio, se sentía libre para ser ella misma.


Y así, mientras la escuela tradicional seguía pidiendo informes y evaluaciones, Ana comenzó a reconstruir su propia definición de aprendizaje y crecimiento. Encontró la fuerza para cuestionar las normas institucionales y buscar un camino que resonara con su ser más profundo.


Quizás, pensaba Ana mientras miraba el atardecer sobre las colinas, el verdadero desafío no era ajustarse a las expectativas de otros, sino encontrar el coraje de ser fiel a uno mismo en un mundo que a menudo olvida la importancia de la humanidad y la autenticidad. Y en su nueva escuela, había encontrado un lugar donde podía hacer precisamente eso.


miércoles, 26 de febrero de 2025

El crucero

 El crucero, un gigante de los mares, albergaba a más de seis mil viajeros de distintas partes del mundo. Entre ellos, dos hombres que, por casualidad o destino, fueron ubicados en la misma mesa durante una cena especial organizada para personas de un mismo origen. Desde el primer brindis, la conversación fluyó como si fueran amigos de toda la vida.

Descubrieron que sus infancias habían transcurrido en barrios similares, con calles empedradas y plazas donde los niños jugaban hasta que el sol se apagaba. Compartían el amor por la música de su tierra, las mismas canciones que sonaban en los viejos vinilos de sus padres. Hablaban de fútbol con la misma pasión, recordando los mundiales que vieron de niños y los ídolos que los hicieron soñar. Y cuando el tema derivó en literatura, coincidían en la admiración por los mismos poetas, cuyas frases aún resonaban en sus pensamientos.

El tiempo en el crucero transcurrió entre charlas interminables, risas y promesas de mantener el contacto. Sabían que no era frecuente encontrar a alguien con quien compartir tantas coincidencias. Habían dejado de ser simples compañeros de viaje para convertirse en amigos.

Sin embargo, hubo un tema que evitaron abordar: la política. No fue una decisión consciente, sino una omisión natural, como si ambos intuyeran que era un terreno resbaladizo que podía opacar la armonía. Y así, sin tocar ese punto, disfrutaron cada momento hasta el final del viaje.

Al llegar a destino, se dieron un gran abrazo y se prometieron un reencuentro pronto. La vida siguió su curso y, con el tiempo, los mensajes entre ellos se hicieron esporádicos. Hasta que, por casualidad, uno de ellos se encontró cerca de la dirección del otro y decidió darle una sorpresa.

Llegó a la casa, una gran casona en un campo, y tocó el timbre con entusiasmo. Se imaginaba el reencuentro, el abrazo fuerte, las anécdotas retomadas como si el tiempo no hubiese pasado. Pero en lugar de su amigo, fue una mujer uniformada quien abrió la puerta. Con amabilidad, pero sin dejar margen a dudas, le dijo:

—El patrón no tiene tiempo para recibir gente. Le ruego que se retire.

El golpe fue seco. No había palabras, sólo la frialdad de una puerta que se cerraba antes de que pudiera siquiera comprender lo que sucedía. Se quedó allí, perplejo, tratando de encontrar una explicación. Tal vez algo había cambiado, tal vez fue aquel último chiste sobre el nuevo presidente y su motosierra. Lo cierto es que en el crucero habían sido dos almas afines, pero en tierra firme, las diferencias que no quisieron tocar los habían separado para siempre.


viernes, 30 de agosto de 2024

La niña desaparecida

 Era una niña pequeña, su padre solía acariciarle el pelo y cantarle zamba de mi esperanza con la guitarra, siempre le traía regalos cuando volvía del trabajo, la mayoría eran usados pero a ella no le importaba, a caballo regalado no se le miran los dientes su padre le enseñó, un día le trajo un oso con manchas rojas con olor a hierro que le llamó su atención pero su madre limpió rápidamente. Ella deseaba ser como su padre, era la persona que más admiraba, siempre con el uniforme limpio, bien planchado, su cabello peinado con fijador, las botas bien lustradas, bigote prolijo, era el primero en levantarse y el último en acostarse, con la pieza ordenada a la perfección, todo en su lugar. Un día de 1976 volvió enojado había tenido una mala noche sus compañeros ultrajaron unas menores de 14 y 16 años en su presencia y eso le había quitado el apetito, le excitaba salir a cazar conejos como algunos de sus compañeros le decían, pero a él no le gustaba tener contacto con los terroristas había aprendido en la escuela de las Américas y como enseñaba el manual de los franceses a no empatizar con el enemigo.  En la universidad a ella le contaron historias de que en la época en que su padre le traía regalos se cometieron muchos crímenes, hasta llegó a conocer a un alumno que decía ser hijo de desaparecidos y que descubrió su identidad muchos años después, ese alumno contó que un informe oficial de los militares mostraba que para 1978 en Argentina había 22.000 “elementos extremistas eliminados” como lo describía ..; cinco años después cuando finaliza es fácil imaginar que hasta son más de los que se quiere negar y que se había enterado luego por un compañero de su padre que a su progenitor lo habían arrojado dopado con pentotal desde un avión, pero ella no podía creer esas cosas, porque conoció a varios camaradas, que parecían personas de bien. Eran inventos que los grupos violentos habían armado para legitimar su defensa, como la cifra azarosa que pretendían hacer creer; su padre siempre había sido honorable, cortés y gentil, le había enseñado que la piedad era cosa de débiles y que al enemigo ni justicia, una frase que había aprendido de sus rivales. El nunca se olvidaba de hacer sus oraciones antes de comer; le había explicado que siempre luchó para tener un país más próspero, con orden, disciplina para que cuando ella creciera pudiera vivir en un mundo mejor y más seguro. Cuando su padre falleció se comprometió a que honraría su memoria, así que ocupando un cargo en la función pública hizo todo lo posible para que nadie se atreva a contar otra historia diferente a la suya. Lo que ella pudo percibir en esos años fue que su padre había defendido a la Nación de terroristas, que luchó por la patria, ella no iba a dejar que manchen la memoria de su ídolo, incluso si para ello tenía que volver a perseguir al enemigo.


martes, 28 de noviembre de 2023

La avidez de la araña

 

Era grande y muy ponzoñosa, solía atrapar insectos pero cansada de esquivar pisotones y escobazos soñaba ser humana; los dioses le concedieron su deseo, así fue como de día era una hermosa mujer atractiva, de noche volvía a su cueva atrapar insectos con la telaraña; pero como humana seguía teniendo un corazón araña utilizaba todos sus atractivos para atrapar y sacar provecho de sus víctimas; el primero que la encontró fue una alegre granjero que la vio desnuda y no podía creer lo que sus ojos veían así que le consiguió ropas le dio de comer, al principio no hablaba pero luego fue adaptándose rápidamente ya que tenía como un don especial para aprender fácilmente. No solo es un problema caer en una telaraña sino no ser consciente de qué estás atrapado. Como el granjero era muy bueno y la cuidaba muy bien prefirió no devorarselo; ya que tenía por propósito vengarse de los humanos, todos los amigos del granjero y parientes estaban muy contentos con la nueva compañera del granjero pero pasó lo que tenía que pasar, empezaron a desaparecer personas en el pueblo, el primero fue el farmacéutico, parece que la vieron a la nueva novia del granjero varias veces entrara y salir de la tienda, encontraron una carta que explicaba que se iba de viaje a otro país, lo curioso es que todos los bienes los dejó a nombre de la nueva novia del granjero. Ella los llevaba a su cueva, los envolvía en tela de araña y los iba comiendo lentamente, no tenía ni un grado de empatía, no había crecido en ella el espíritu humano que se preocupa de lo que le pasa el otro, esta característica que hace a los humanos buenos, justos y bellos. El que empezó a investigar el caso fue el comisario, que también quedó deslumbrado de la belleza de la nueva novia del granjero, que era simpática y sonriente, tampoco se supo cómo desapareció, el juez se inquietó por el hecho y nombró un nuevo comisario. Nadie sospechaba de la esposa del granjero, porque como buena araña sabía atraer a sus víctimas y escabullirse rápidamente cuando se encontraba en problemas. El que empezó a sospechar de la mujer del granjero fue su pareja, pero como estaba profundamente enamorado encontraba cualquier justificativo para protegerla, la meritocracia, el destino, la ley de la naturaleza, incluso la ceguera mental, porque cuando no se quiere cambiar algo se lo niega, y no hay peor ciego que el que no quiere ver.

lunes, 13 de noviembre de 2023

Casa Quemada


 Le había dado somníferos a todos, nunca se hubiesen imaginado que esa rica cena que les cocinó tan esmeradamente sería la última. Era una noche de luna llena, las estrellas brillaban preciosas en el firmamento, si las hubiese visto seguramente hubiera desistido de seguir con el plan, tampoco había leído a Kant. Dormían plácidamente, posiblemente soñando esperanzas o con algún prado escapando de lobos feroces, cuando todo empezó arder. Intentando no ser descubierto comenzó a gritar: _ ¡Ayuda! ¡ayuda! ¡fuego! ¡fuego! Los vecinos al escuchar los ruidos y gritos acudieron al lugar, pero las llamas eran tan fuertes que todo esfuerzo fue en vano, cuando llegaron los bomberos ya todo estaba consumido. Se tiró al piso mostrando una tristeza desgarradora, era tan buena la actuación que conmovió a todos,  gritaba: _ ¿Mi familia, mi familia! ¡Los perdí a todos! Un niño dijo: _ yo lo vi arrojando combustible alrededor de la casa. El niño hasta el día de hoy se encuentra desaparecido. Los vecinos hicieron una campaña para ayudarlo en poco tiempo lograron restituir la vivienda con todas las comodidades, viendo la importancia del trabajo cooperativo, empezó a dar charlas sobre solidaridad, altruismo y el bien común, lo invitaban en los canales de TV, a radios, se hizo tan famoso, que le valió el reconocimiento de todo el pueblo, lo que le sirvió para lograr ser jefe del gobierno municipal. Del chico desaparecido ya nadie se acuerda, sus palabras convencieron a casi todos que olvidaron su pasado, pero como toda cosa no resuelta solo falta que se presente un inconveniente para que recurra al mismo método para resolverlo. 


PG

miércoles, 1 de noviembre de 2023

La piel de los Fantasmas

 


Había una vez cuatro fantasmas que vivían entre los seres humanos, se divertían con las cosas que le pasaban, aunque a veces sufrian con ellos, la pasaban bien, atravesaban paredes, asustaban a la gente, bailaban con la música, cantaban y compartían las cosas que hacen los humanos pero todo en su invisibilidad. Un día le pidieron a su superior que querían sentir lo que sienten los humanos, su súplica fue bien recibida así que el superior de ángeles a cada uno le revistió una piel humana de diferente color y religión, uno fue musulmán, el otro cristiano, el otro judío y el otro budista, a cada uno le regaló un atributo, un dón para poner al servicio de la comunidad, para que puedan compartir  enfrentando las adversidades y sobrevivir, a uno le dio la tierra, al otro le dio el agua, a otro le dio el aire y a otro le dio el fuego; el que tenía la tierra sembró y cosechó así que vendía los productos que tenía, el que le tocó el fuego vendía el fuego para que puedan cocinar y calentarse,  el que tenía el agua la vendia en botella y el que tenía el aire le pagaban una concesión por ser el dueño. Cómo fueron fantasmas y nunca tuvieron necesidades físicas pensaron que sería fácil, al principio se reían del color de la piel de cada uno, se mofaban y se divertían el problema surgió cuando sintieron alguna molestia en la escasez, uno sintió frío por la falta de fuego, otro hambre por la falta de alimento, otro sed por la falta de agua, otro comenzó a tener ataques de pánico y sentía que le faltaba el aire; fué cuando surgieron en ellos celos y envidia por lo que tenía el otro, se preguntaban ¿porque no les tocó a ellos? ¿Por qué tienen que pagar por el agua, por el fuego, el aire, por los productos de la tierra? Cada uno se hacía esa pregunta, ¿no era injusto? cada uno veía lo que le faltaba y no lo que tenía. Entonces cómo cada uno rendía alabanzas a Dios a su manera, empezaron a ver en la adoración que hacían los demás que era falsa, cada uno de ellos decía estar más cerca de Dios, ser más amigo y entender mejor su voluntad, y por lo tanto ser más digno que el otro por lo que le correspondían mayores derechos en la repartija de los recursos, además junto al desprecio les parecía que el otro actuaban mal, que eran los malos, que estaban equivocados, por lo que surgieron las críticas, luego las injurias y comenzaron a mirarse con bronca y desconfianza, lo que hizo que no quisieran intercambiar más los productos que cada uno tenía, esto hizo que cada uno buscará la forma de arrebatarselo por la fuerza, por lo que fabricaron armas, hasta que llegó el día en que se atacaron generando mucho daño en sus territorios, la siembra se estropeó, el agua se contaminó, el fuego se apagó y el aire se llenó de gases tóxicos. La guerra nunca es buena, mata el alma y envenena, recordaban estas palabras que habían escuchado por ahí, por lo que buscaron ayuda en su superior, le reclamaron que eso no era la condición que ellos esperaban de la humanidad; lo que le respondió: _ a cada cual se le dio por partes iguales, que alcanza para todos si saben como intercambiarlos, hasta les debería sobrar ya que la naturaleza es generosa, debían tener espíritu de servicio y cooperación, así viviran pacíficamente y felizmente; fue su codicia la que hizo que esos destruyeran todo. Y accedió a darles otra oportunidad.